¿Sigue siendo viable Podemos?

A pesar del título del post, voy a partir de una premisa diferente: la izquierda necesita a Podemos. No necesariamente al Podemos actual, sino a esa marca (casi comercial mas que electoral) capaz de ilusionar a la gente, de arrastrar autenticas masas populares y hasta convertir en un deseado objeto de compra un programa electoral. Si el Podemos actual puede volver a ser ‘ese’ Podemos es lo que tendremos que ver.

Uno de los grandes méritos de la irrupción de Podemos fue la creación de una marca alejada de la política tradicional, pero con un gran potencial de marketing político. El problema es que hemos dedicado años a tirar a la basura eso. Ciertamente no teníamos los elementos a favor, pero se lo ponemos extraordinariamente fácil.

A mí me pasa que cuando creo que ya Podemos no puede sorprenderme (negativamente) más, siempre acabo enterándome de algo que hace que, irremediablemente, me hace suspirar e iniciar un proceso mental de recuento de daños. Esta vez, el desafortunado incidente ha tenido que ver con la noticia de que la comisión por la compra de la nueva sede se la ha llevado una tía de Pablo Iglesias. Me parece increíble que aún no hayan entendido que no basta solo con ser bueno (que hay que serlo) sino que además hay que parecerlo. Me da igual que fuera su inmobiliaria la que gestionara ese edificio: eso no se puede hacer, es muy feo. Me ha sorprendido que ha sido poca carnaza de momento, pero es otra más al suma y sigue. En realidad, no creo que no lo hayan entendido, sino que va mas porque les de igual, que no va con ellos. Ese despegue de la realidad me recuerda a que el partido se gestiona como si fuera una empresa familiar, donde se mezclan demasiado habitualmente los bienes de la empresa con los bienes familiares, y se pone y dispone de los mismos sin dar demasiadas explicaciones. El problema es que Podemos es un partido político y no una SL. No pertenece a unos pocos, por mucho que estuvieran en la fundación y hayan sobrevivido al “solo puede quedar uno” en el que se ha convertido la militancia aquí. Y con esta dinámica, acabaremos por ver un error mayúsculo como una compra personal de alguno o algunas vacaciones que se pagan con fondos del partido. O cosas peores. Y lo mismo ni se dan cuenta de que eso no está bien, porque, en su cabeza, el partido es suyo y pueden hacerlo.

La ausencia de control externo y la eliminación del portal de transparencia no ayudan mucho que digamos a paliar ese problema, cuyo origen sitúo precisamente en el nacimiento del partido con una figura tan protagónica como la de Pablo como eje irradiador. Esas tesis de populismo Laclausiano aderezadas de marketing comercial que nos permitieron crear una marca potentísima en tiempo récord, precisamente a base de pasear la cara de Pablo Iglesias por televisiones (fueran del signo que fueran), posters, camisetas y hasta alguna taza, también han acabado por avalar la especie de cesarismo en el que se ha acabado por convertir el partido de puertas para adentro. Y con esto no quiero decir que el problema sea el cesar, porqué seguramente viva en una burbuja alimentada por una camarilla que cree que su estatus actual se debe a que todo siga como está. Simplemente hemos generado una dinámica de huida hacia delante, dónde se pretende sustituir la ideología por el poder como leit motiv del partido. Como si eso pudiera ser una solución válida. Pero mientras, protagonizamos auténticos esperpentos como el caso Calvente. Por ejemplo, en este caso, independientemente de si hubo o no acoso (de momento se ha archivado esa causa), había una cosa clara: Jose Manuel Calvente era uno de los responsables legales del partido. Es evidente que va a tener mierda para sacar (entendamos que la limpieza absoluta no existe nunca, en ningún sitio). De ninguna forma puedes sacar a tu principal figura a acusarle públicamente de algo que, en la izquierda más que en ningún otro sitio, le destruye, porque independientemente de si es verdad o no, esa persona va a querer hacer lo propio contigo. Sé, de primera mano, que este partido no trata bien a la gente, pero de ahí a no ser capaz de pensar a un mínimo medio plazo y en las consecuencias de los actos hay un trecho. Demasiado grande. De ahí la huida hacia delante.

Otro día lo dedicaré a intentar explicar el como se ha llegado a esta situación en Podemos, intentando explicar nombres que salen de vez en cuando en prensa de forma inconexa, pero que son bastante importantes para entender el desarrollo político de esto. Saber algo más de nombres como Kinema, ABD Europa, CLACSO, Neurona (con los que además coincidí en la campaña autonómica), etc. pueden ayudar a entender como se ha llegado a la situación actual y apuntar responsabilidades. Pero la tarea de hoy era otra: reflexionar sobre la viabilidad del proyecto como fuerza política principal de la izquierda en España.

Sinceramente, creo que Pablo Iglesias, como marca, se ha desgastado mas que Podemos. En buena parte por causa directa del personalismo de Podemos como producto. El problema es si puede Podemos sobrevivir a Pablo Iglesias. Podemos necesita cambios. No existe la ‘pax romana’ como resultado de las purgas, porque siempre se van a originar nuevas facciones. Hay que aprender a convivir. Y hay que hacer organización, algo muy olvidado en un Podemos que ha visto desangrarse el talento. Quizás merezca la pena separar el partido del Gobierno, pero de verdad. Seguramente sea la única forma de evitar que la huida hacia delante se acabe llevando por delante no ya al partido, sino a las oportunidades de la izquierda a medio o largo plazo, de acometer cambios importantes para la sociedad española. Y estos cambios los necesita ya.

En Madrid, Diaz Ayuso puede pulsar el botón en cualquier momento (bueno, quizás la moción de censura de VOX le impida hacerlo de inmediato, pero es evidente la necesidad del PP de Casado de reforzarse con un resultado electoral importante, y no hay otro escenario mas propicio) y el escenario de la izquierda aquí es desmoralizador: con un Gabilondo desaparecido y el resto de la izquierda disgregada arriesgándose a no llegar al 5% en el caso de ir diseminada. ¿Cómo lo afrontará Podemos? Esta puede ser la verdadera prueba de fuego que responda a la pregunta del título.


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