La equidistancia o la gama de grises
Nos
encontramos en unos tiempos políticos centrífugos. Se buscan los extremos del
eje como justificación y marketing. El actual escenario en que Unidas Podemos
es parte del gobierno ha generado una respuesta reaccionaria en las derechas,
cuyo efecto se ha visto multiplicado al afrontar el nuevo gobierno de coalición
la pandemia mundial al poco de llegar al cargo, y donde la derecha,,lejos de actuar con responsabilidad
de estado, ha optado por el ataque desmedido para intentar el "quítate tú para ponerme yo". Esto en realidad no va a hacer caer al
gobierno de ningún modo, pero si va a generar una situación social compleja.
La
polarización a la que se está empujando a la población va a suponer un problema
real de convivencia. Ya parece que cualquier excusa en buena para aparcar el
sentido común y cargar contra el vecino, esgrimiendo argumentos de alto nivel
intelectual como la experiencia epidemiológica de un cantante o un futbolista e
igualándola (o directamente poniéndola por encima) con la de un experto reconocido
en ese campo. En España todos somos expertos en todo.
Parte
de esta polarización hacia los extremos es, casualmente, la equidistancia. Esa
postura, que debiera ser sinónimo de encuentro entre posturas, ha sido sometida
al tormento de aplicarse a situación no asimilables. Ni machismo ni feminismo,
ni fascismo ni antifascismo. Estos son unos buenos ejemplos donde el lenguaje
es una poderosa herramienta de manipulación. El machismo y el feminismo no son términos
equivalentes, al igual que tampoco lo son el fascismo y el antifascismo. Esa es
la trampa. Se juega a equiparar para restar positividad al termino y añadirle
la negatividad que acarrea el equivalente. Según la Real Academia Española de
la Lengua, que no es un órgano tachado de progresista precisamente, la
definición de feminismo es “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el
hombre.” mientras que la definición de machismo es la siguiente: “Actitud
de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. Es decir, pretenden hacer
equivalente a la igualdad con la prevalencia de una parte.


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