La burocratización de Podemos

Tras el último texto en el que exponía el diagnóstico sobre la actual situación de Podemos como organización, lo que corresponde es hacer un análisis en positivo sobre las necesidades en salud democrática interna que puedan ayudar a que el partido no solo sobreviva, sino que mejore de cara al futuro.
El problema de la burocratización del partido es que ha acabado con una gran parte de talento fuera de la organización. Parto desde mi opinión de que, ideológicamente, a pesar de los matices, había una importante base común. Y qué, por lo tanto, no ha sido esa la principal razón de la perdida.
En el 15M clamábamos contra la figura del político profesional, mas preocupado de sus intereses y de los de su partido que de los de sus representados. Esto ciertamente ocurre por un proceso natural relacionado con el egoísmo humano. Todos aspiramos a dedicarnos a lo que nos gusta. El problema es cuando eso choca directamente contra los principios ideológicos que te han colocado ahí. Sorprendentemente, dentro de Podemos, esto no lo he percibido tanto en los primeros espadas como en la red estructural mas inferior y oculta para el público general.
Pongamos un ejemplo: eres una persona joven e interesada en la política; has tenido poca vida laboral y muy precarizada. Te surge la oportunidad de trabajar en el partido o a través de él en alguna administración. De repente te ves haciendo lo que te gusta y con un salario que no habías tenido nunca. Con esta situación lo normal es que se quiera mantener. Si cambiáramos el escenario político por cualquier otro escenario empresarial esto no sería un problema, pero este no es el caso.
Veo un problema importante en cuanto al control político mediante el control económico de las personas. Lo mismo en otros partidos esto es una práctica normal, pero en Podemos me parece aberrante. Cuando un concejal o concejala, por poner un ejemplo, nombra a su personal de confianza en el ayuntamiento, designa a personas para que realicen un trabajo técnico y cobren por ello. Si esas personas designadas además ostentan cargos políticos internos ¿no es una forma, a fin de cuentas, de comprar afinidades políticas dentro de la organización? Pues esto es algo bastante habitual por desgracia.
A mi me parece importantísimo separar este tipo de liberaciones del control organizativo. Los cargos electos son, por propia definición, elegidos mediante una serie de procesos democráticos. No suele ser así con los cargos de confianza y los trabajadores del partido. Y esa diferencia es importante. No debería haber nadie en un cargo político interno cuyo salario dependa directamente de otro cargo interno. Por una cuestión de salud democrática e independencia política.
El problema de esta práctica es que al final se tiende a relajar los principios ideológicos propios (o renunciar a los mismos) para favorecer el mantenimiento de esa faceta salarial. Esto ha ayudado a la creación de grandes grupos de presión interna que acaban luchando entre sí no por posiciones ideológicas sino de poder político interno y la consecuente perdida de pluralidad del partido.
Si ya el tema de las listas y las nomenclaturas tipo “Equipo de…” me parecían aberrantes precisamente por laminar al resto de posturas, el no control de este tipo de endogamia interna amenaza con dar la puntilla a Podemos en un momento de extrema necesidad ideológica. Mi buen amigo Andres Villena, autor de “Las redes de poder en España” usa diagramas relacionales para explicar las figuras políticas, empresariales y de la administración y sus relaciones. Os invito a hacer ese mismo ejercicio con la estructura interna del partido. Entonces entenderéis mi postura.

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