De élites y prisas

Se ha convocado la Asamblea autonómica de Podemos Comunidad de Madrid y ya ha empezado el movimiento de fichas. Sorprende quizás la premura en los plazos, más teniendo en cuenta que la organización lleva a cargo de una gestora desde la salida de Ramón Espinar en enero del año pasado. Y prisa, precisamente, no había ninguna.
El pasado domingo recibí desde la organización dos correos: uno publicitando un medio de comunicación “independiente” dirigido por una exdirigente del partido y registrado por la pareja de una de las responsables de organización del mismo, y otro anunciando una convocatoria que dejaba tan solo cuatro días para presentar candidaturas y apenas unos más para elaborar los documentos sobre los que basar la gestión.
El primero ha provocado el lógico enfado por parte del resto de medios “progresistas” por el desaire (y posibles vulneraciones a la LOPD), y el segundo viene a ahondar en la transformación en un partido convencional hacia la que se encamina Podemos a pasos agigantados.
Unos plazos tan exiguos y en unas circunstancias como las actuales aclaran mucho el camino para aquellas personas que ya tienen el control de la organización, y niegan la participación de nuevos actores, algo que necesita urgentemente un Podemos que empieza a acusar el desgaste de la gobernanza y el lawfare. Ya escribí en su día un artículo abundando en el efecto de la teoría de las elites en Podemos, aplicando la Ley de hierro de la oligarquía de Robert Michels. Parece que el control férreo de la organización por parte de unos pocos vuelve a ser más importante que el fondo ideológico, avanzando irremediablemente hacia un formato de partido tradicional. Esto dista mucho de lo que quería ser Podemos en sus inicios.
La escasa participación en la Asamblea Estatal debería haber servido de escarmiento para evitar las innecesarias prisas. Un 11% es algo para hacérnoslo mirar. Y Madrid no va a ser quien levante ese dato. Ahora mismo no es fácil ser de izquierdas, con una ultraderecha buscando tomar las redes y las calles, eternos bastiones nuestros, con desafiantes (e irresponsables) proclamas. Este era el momento de pararse a pensar, de recuperar la ilusión por participar de la gente y de hacer las cosas en común, en vez de entre los mismos cuatro liberados acumuladores de cargos. Hemos olvidado muy pronto el 15M.
No solo los plazos van a imposibilitar la participación de base. La situación actual tampoco ayuda. La dificultad para trabajar en común las guías políticas o simplemente la imposibilidad de hacer campaña explicando el proyecto de Podemos en nuestra comunidad ahondan en un mayor desarraigo hacia el partido. No es mi partido si no puedo participar.
Hay que entender entonces los movimientos de los “competidores”. Por ello es inteligente también la maniobra de Mas Madrid, que ha convocado justo después su propia asamblea autonómica. Por eso de que comparar es odioso. Tendrán una clara referencia sobre la que mirar y muy poco desgaste, por lo que es bastante posible que superen a Podemos en participación en la Comunidad de Madrid. Y eso será un golpe de muerte para quien sea elegido en la dirección regional y que en menos de un mes habrá perdido ser la referencia de la izquierda en Madrid. Un secretario (o secretaria) general breve.
Yo ya no pido unidad en la izquierda, que es como darse cabezazos contra la pared, ya simplemente pido cordialidad. Evitar dejar la izquierda madrileña como un solar para el futuro debería ser nuestro cometido. Con eso, el (buen) trabajo conjunto llegará más pronto que tarde, y al final es lo que realmente necesita la gente.
Iván Cardador y Carlos Cabrero

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